La caída del PRI y sus
consecuencias
La
intención de voto por José Antonio Meade sigue cayendo y separándose de la de
Ricardo Anaya. En la encuesta publicada ayer en Reforma, trae 17% de intención
efectiva, 13 puntos por debajo de Anaya. Se acabó la ilusión que hasta hace
poco aún se oía de una parte de la élite económica, acostumbrada a ver el poder
del Presidente de la República en acción, de que éste iba a saber cómo dividir
a sus opositores y ganar la elección, como lo hizo con Alfredo del Mazo en el
Estado de México. Ya se nos olvidó uno de los miedos de muchos en el 2012: que
el PRI no perdiera nuevamente la Presidencia
03 de Mayo de 2018
El
PRI, sin embargo, sigue tratando de convencer a sus financiadores de que sólo
su candidato puede frenar a López Obrador. Según ello, el votante del PRI no se
iría nunca con Anaya. El Frente trata de construir la narrativa opuesta. Su
votante busca el cambio y está harto del PRI y la corrupción.
La
última encuesta de Consulta Mitofsky parece darle la razón al Frente. De los
20.8 puntos porcentuales de intención de voto por Anaya, 7.0 se van con AMLO,
si Anaya no estuviera en la boleta, sólo 1.2 se irían con Meade y 12.6 no
declara. De los 16.9 puntos porcentuales de Meade, 2.0 se irían con AMLO y 2.3
con Anaya. El resto no declara (goo.gl/r9FWwz).
Otras
encuestas apuntan en el mismo sentido. La de Reforma de ayer, en una segunda vuelta, donde sólo estuvieran Anaya
y Meade en la boleta, el primero ganaría con el 44% del voto, frente a 18 de
Meade. Otra encuesta muestra que un 40.2% nunca votaría por Meade, mientras que
14.7 no lo haría por Anaya y 21.3 por AMLO (goo.gl/kp8DyX). En cuanto a la
pregunta por partidos, un 47% nunca lo haría por el PRI frente a 7% del PAN y el
12% de Morena (goo.gl/8v6X9W). A diferencia de la elección de 2006, pesa hoy
mucho más el rechazo al gobierno y a su partido que el miedo a AMLO.
Empiezan
a circular rumores de todo tipo de estrategias utópicas, como algún tipo de
alianza entre el PAN y el PRI, con lo cual veríamos a todas las fuerzas
opositoras a AMLO en un solo candidato. Esta fantasía de las clases medias
altas no se va a dar. Meade no se va a bajar de la boleta.
Una
parte del priismo lo acompañará hasta el final, como en su momento el 22% lo
hizo con Madrazo. La pregunta es cuánto más va a seguir cayendo y si estos
votos los logra capturar AMLO o Anaya. También si deja o no de atacar a Anaya
por el tema del lavado de dinero. Cuando lo ha hecho tiende a coincidir con
aumentos en la intención de voto a AMLO, aunque en nada mejora su propia
intención de voto.
Una
diferencia con el proceso electoral de 2006 es que el candidato que podría
derrotar a AMLO, Ricardo Anaya, ha perdido a una parte de su votante potencial
por la salida de Margarita Zavala y posterior construcción de una candidatura
independiente. En elecciones pasadas hemos visto cómo los candidatos pequeños
van perdiendo apoyo conforme se acerca la contienda. Gabriel Quadri en el 2012
tuvo un buen desempeño en los dos debates y llegó a tener una razonable
intención de voto en algunas encuestas. En la elección obtuvo el 2.29% del
voto.
Zavala
pasó de 5% de intención de voto a 3% en un mes, según Reforma. El debate
la dejó maltrecha. ¿Estará dispuesta a bajarse de la contienda, aunque en todo
caso su nombre estará en la boleta? ¿O hasta cuándo seguirá cayendo su apoyo si
se queda compitiendo? Difícil de saber.
En
el caso de los independientes, su situación es aún más endeble respecto a un
candidato que proviene de un partido pequeño, como era el caso de Quadri. No
hay diputados o senadores urgidos de su apoyo para ganar algunos votos. No hay
partido cuyo registro esté en juego.
“Este
arroz ya se coció”, dice AMLO. No es cierto. Se está cociendo mucho, pero aún
no está listo. El resultado del 1 de julio dependerá del desempeño de los
candidatos en las siguientes semanas, donde veremos si AMLO consolida o no los
puntos ganados en los últimos meses. Además, en la medida que avanza un proceso
electoral, una parte del electorado va optando por su segunda opción, cuando ve
que la primera ya no tiene opción de triunfo. Es el llamado voto útil. Esto
sucede en el elector más informado.
Pongamos
un ejemplo hipotético, Felipe Calderón, quien sabrá muy bien el día de la
elección las nulas posibilidades de triunfo de su esposa. De haberse cerrado la
brecha entre el primer lugar y el segundo, ¿por quién votará? Hacerlo por
Margarita es tirar a la basura su voto. Como éste es secreto, le puede decir
que votó por ella con amor e ilusión. Seguramente optará por quien le parezca
el mal menor: ¿su enemigo histórico, AMLO, quien nunca lo reconoció como
Presidente de la República, o su exsubsecretario de Turismo, Ricardo Anaya,
cuyo pecado fue hacerse del control del PAN, algo que Calderón no logró ni
cuando era Presidente? ¿Usted ya sabe cómo votará si llegamos el 1 de julio con
esa disyuntiva?
Profesor de la Escuela de
Gobierno del Tecnológico de Monterrey
Twitter:
@carloselizondom
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